Percepciones: Feminista no, Femenina sí
En el contexto latinoamericano el surgimiento del movimiento feminista se deriva de las limitaciones intrínsecas e ideológicas de los partidos de izquierda, y el Perú no fue la excepción. Se necesitaba hacer énfasis en temas que habían sido deslegitimados y hasta naturalizados. Por esa razón, la primera confrontación personal, política y colectiva, que tuvieron que hacer las feministas, fue buscar, para empezar, una autoaprobación en ellas y no en los otros.
Lo característico del movimiento feminista era la búsqueda por autonomía y el desencadenamiento de la mujer de estereotipos enlazados a una cultura patriarcal, la cual llegaba a ser soslayadamente misógina y públicamente sexista. Y de hacer públicos, malestares que se habían tornado como privados, individuales y sobre todo etiquetados bajo la idea de problemas-menores-intrafamiliares. Lo que no se tomaba en cuenta, es que bajo esta concepción determinista, evidente y ontológica de la mujer, se escondían innumerables prejuicios relacionados a la identidad y los roles que debía desempeñar.
El problema se manifestó como eminentemente “incómodo” cuando se cuestionó el statu quo de la sociedad peruana, en relación a las ideas que se habían asumido de manera progresiva, patente, despectiva y jerarquizada sobre la interacción de los géneros: “El hombre es superior a la mujer” y lo hace explícito la religión, la biología, el conocimiento, la publicidad, y sobre todo, así lo asume la sociedad –entendiendo por ella a hombres y mujeres- pero se asumió así, porque son las ideas que se internalizaron en la socialización de cada persona. ¿Entonces como refutar lo que resulta cotidiano? ¿Cómo conseguir que otras personas asuman un discurso totalmente opuesto, sin que este sea tergiversado en el camino?
Ese fue el problema del discurso feminista peruano, que fue falseado a través de ciertos mecanismos de invisibilización como los reproducidos por Beltrán y Maquiera: Usurpación, que supone usurpar saberes y dotarlos de reformulaciones que no permiten identificar la idea original; la devaluación de logros con la excusa de “acientíficos”; silenciamiento, a través del conocimiento y el interés por ocultarlo; y el más extendido, a mi parecer masificado, el lapsus genealógico, que caracteriza a las personas que sin estar muy enteradas del tema, construyen una posición contraria y crítica
Precisamente se trata de cuestionar y denunciar las formas de opresión que sufren las mujeres, no solo como feministas, sino como individuos. Pero las acciones que se requieren para liberarse de prejuicios y actitudes paternalistas, muchas veces van en contra de todos los mecanismos mercantiles que utiliza el capitalismo para internalizar la idea de cómo-es-una-mujer-moderna. Y obviamente, todos quieren gozar de los beneficios tecnológicos, informacionales y estéticos de la modernización. Todos quieren ser modernos, pero ninguna persona acepta que la llamen superficial, banal o alienada, porque solo está viviendo el momento: la globalización. No existe ninguna razón, que ninguna feminista pueda brindarle, para hacerle entender que la mujer, no debería ser o proyectarse como la anuncian en la publicidad: femenina y bella; no, tosca, masculina y feminista. Desde el aspecto físico ubicamos la deslegitimación del feminismo, y a partir de ahí, las construcciones negativas que se van dispersando como elementos socializantes diaspóricos.
Y desde este punto, se puede inferir una simultaneidad en los espacios de coexistencia. Se vive el momento, las grandes transformaciones, el desarrollo, el progreso y el evolucionismo son las ideas relacionadas lo-aspirable y aceptado masivamente; y todo lo que se presente con un esquema de características inversas a lo representado por la comodidad será rechazado, de manera legítima, como ocurre con las manifestaciones culturales y económicas de diversas etnias, que son asimiladas como inferiores, que representan el pasado, por tanto el atraso. Y eso es lo que ocurre con el feminismo, no es aceptado, porque atenta contra la simplificación de la vida y las comodidades de la mayoría, con la búsqueda de formas de democratización y aceptación de la diferencia, pero no dentro de la distribución desigual, lo cual se inserta dentro de la subjetividad como un discurso incómodo, que al no ser visto de manera positiva por una de las instituciones con más influencia en el país, la Iglesia Católica, pues tampoco alienta demasiado. Y como no, si esta, el principal agente socializador, es el encargado de difundir y enraizar la cultura patriarcal y misógina, bajo un disfraz paternalista que no se quita jamás.
Feminismos, continuidades premodernas y disrupciones posmodernas
El objetivo de mencionar estas ideas de forma disruptiva, es formar el contexto en el que se desarrolló el movimiento feminista y la percepción que se tiene de él y sus participantes, partidarios o militantes. No solo hacer una descripción del movimiento según una tipología de identidad-adversario-visión que toma Castells, de Touraine, para hacer un recorrido del feminismo y entender cual es el objetivo social, en relación a la visión del orden-organización social, que desearía obtener en el horizonte histórico de su acción colectiva
Pero, se trata de enlazar los discursos y percepciones del feminismo peruano a través de la visión y experiencia de treinta años de Virginia Vargas, feminista teórica y activista, fundadora del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. Al realizar un recorrido histórico de la experiencia y participación feminista peruana, con la proyección de entender y construir relaciones democráticas, permite un acercamiento a la subjetividad, interacción y estructura presentes en el movimiento. Y también, una contrastación de estos elementos -muchas veces subordinados en relación a la importancia que se le atribuye a los discursos oficialistas- con los argumentos originados en el Gobierno y la Iglesia, los cuales detentan un poder intomable, pero con altas posibilidades de transgredir. La idea será utilizar algunos elementos y contrastarlos con otras teorizaciones feministas de diverso enfoque, el de la modernidad, y posmodernidad, para hallar puntos de quiebre, y muchos de encuentro y simultaneidad.
Por esa vía, se podrían asimilar nociones sobre el feminismo que dieran a entender que se agrupa bajo una forma marginal y negativa de vivencia, que dirige hacia el desprecio generalizado de la sociedad, y no es raro encontrar “razonamientos” sintéticos sobre el feminismo y las feministas en expresiones como:
“Está fuera de lugar”; “no ayuda en nada”; “son percepciones realmente abstractas sobre cuestiones que ya pasaron”; “en esta era de globalización esos temas solo crean problemas”, “las feministas son revoltosas, conflictivas, y poco femeninas”; “la gente trabajadora y decente, no tiene tiempo para andar por ahí diciendo que las mujeres son mejores que los hombres, todo el mundo sabe que somos iguales”; “los hombres son mejores que las mujeres y aunque ellas quieran demostrar lo contrario la biología siempre gana”; “la mujer moderna no quiere ser feminista, quiere ser bella”; “no soy feminista porque ellas son lesbianas y yo soy bien mujer”; “yo creo en Dios y ellas se burlan de la Iglesia”; “a mi no me molesta la publicidad en la que salen chicas guapas con un solo hombre, no se cual es el problema con ello”; “el aborto es cruel, no se porqué las feministas buscan su despenalización, por eso no me gustan esas ongs”, “las feministas querían votar, ahora ya lo hacen, ¿por qué siguen molestando?”; “él estudia trabajo social, debe ser feminista”, “si las feministas van por ahí diciendo que no quieren ser femeninas ¿por qué si masculinas?”; “lo que ellas piden va en contra de la naturaleza”[1].
Si estas afirmaciones expresan lo que se entiende y siente por el feminismo, entonces nos encontramos ante un grave problema a de desinformación, exclusión y una suerte de fundamentalismo tradicional. Para empezar, no se trata de un feminismo, sino de feminismos, porque dentro del movimiento se manifiestan diferentes inclinaciones sobre la autonomía y la institucionalidad; sobre las agendas de debate, sobre la importancia de aspectos que deberían cambiarse y por los cuales luchar; también identidades, que en la actualidad más bien se enuncian de manera transversal a través de la simultaneidad entre género y sexualidad, además de las formas y vías de participación política que interiormente difieren en gran medida.
En segundo lugar, las propuestas del feminismo se relacionan directamente con la búsqueda de igualdad de derechos, y el respeto a la diferencia cultural y sexual de las personas, no es la versión en el espejo de la postura patriarcal conocida como machismo. Por eso se presenta como un movimiento plenamente liberalizador al cuestionar radicalmente como están estructuradas las sociedades, y en ese sentido como se concibe social, económica y políticamente a las personas. Se cuestiona una multiplicidad de desigualdades y no solo las relacionadas al factor económico, como la importancia que le atribuye a los derechos sexuales y reproductivos, a las necesidades básicas parta un cabal desarrollo como son el acceso a la educación, la empleo, a la participación política. Creo que ninguna mujer se opondría si le ofrecieran una beca de estudio o un trabajo de ensueño, pero si le ofrecieran la oportunidad de representar a un grupo de mujeres para promover los derechos de diversa índole de todas las mujeres, muchas torcerían la boca. Se piensa por medio del ultraindividualismo, como dispositivo hegemónico de subjetivación o construcción totalitaria de la experiencia, porque se pierde el sentido común y los malestares se entienden como algo totalmente privado porque se asimila que el Estado está al servicio del mercado, además se niegan las diferencias, se tiene una aversión por la alteridad, es una subjetividad disociada, desconectada de sus relaciones
Y finalmente en relación a la mujer, el feminismo no tiene una visión que quiera atribuir el carácter de vacía o banal a las mujeres, que siguen los patrones culturales y roles que se les han impuesto como mujeres, el objetivo no es romper ideales ni sueños, menos aspiraciones. Lo que se propone es develar la lógica de dominación simbólica, que ocultan tras aquellas formas subjetivadas de perfección, belleza, delicadeza, sumisión, y las particularidades físicas que conllevan, dar a conocer que es una de las formas de poder ser-mujer, no la que detenta el monopolio de la vida, porque no necesariamente tiene que ser de esa manera.
El ser-mujer básico ha cambiado en la transición hacia la modernidad respecto a su “destino sexual”, así que la percepción de cómo ha sido, es y debería ser una mujer se mantiene en permanente transformación, lo que se quiere mostrar como natural e invariable, en realidad no lo es, pero si se podría afirmar que los cambios en las asignaciones femeninas tradicionales son reales y han permutado sustancialmente, de modo que afirmar que el ser-mujer se define por la maternidad y la femineidad es un error que solo puede caber en las mentes más retrogradas y tradicionales de la sociedad.
Para Ulrich Beck la liberalización de la mujer respecto de la dominación masculina definitivamente se ha manifestado gracias a los procesos de modernización, y se reflejan en el trabajo doméstico que por el aislamiento social y la racionalización técnica se ha descualificado, permitiendo el acceso al trabajo profesional extradoméstico. También en la liberalización del fatum de la maternidad, que se mantiene como una opción casi necesaria, pero ya no totalmente -aunque podría ser el vínculo más fuerte con el rol femenino tradicional- porque en el modelo de mercado de la modernidad se supone la sociedad sin familias ni matrimonios, como exigencia para el aseguramiento de la economía
¿Es acaso una rebeldía la búsqueda por justicia, por igualdad, por un mejoramiento de la calidad de vida? ¿Si las formas institucionalizas o formales no lo permiten, a caso no es pertinente buscar otros caminos, otras vías de equidad? Se presenta como necesario p.ej. cuando las causas son la búsqueda de aumento de sueldos a los mineros de una empresa trasnacional que los explota de manera brutal, porque funciona mediante una racionalidad instrumental que avala el neoliberalismo como sistema político moderno cuando se trata de la relación empresa-empleado, porque es “un tema que nos afecta”, pero si se habla de la discriminación de una mujer por su inclinación sexual en una empresa privada al despedirla, quitándole la única fuente de ingreso económico que tiene , entonces se asume el problema, como “menor”, una cuestión personal, sin importancia, no se debería promover ninguna ley que apruebe la diversidad en ese sentido, “es problema de cada uno, ella se lo buscó, si fuera normal no le pasarían esas cosas”
La noción de estado laico, nació con la modernidad, como el ideal de alejamiento del oscurantismo medieval, por la búsqueda de racionalidad y del famoso sapere aude de Kant, pero en el caso peruano la concepción de Estado laico queda como una figura ornamental y selectiva, porque en cuestiones de sexualidad, la Iglesia tiene más autoridad moral que la sociedad para fundamentar que las parejas deben ser heterosexuales, y que la transgeneridad -entendida como la concepción contingente del cuerpo, la identidad, el genero y la sexualidad que, rechaza de manera compartida la diferencia sexual como matriz natural y necesaria de subjetivación
La necesidad de mencionar estas cuestiones relacionadas con los objetivos y proyecciones del movimiento feminista peruano, no hacen solo mella en la simultaneidad de tiempos históricos sociales y económicos que combinan etapas premodernas, modernas y postmodernas presentes en el país. La cuales, se pueden ubicar juntas en el discurso de una sola persona en relación a diferentes temas, por esa razón, el rechazo al feminismo se debe básicamente a dos puntos: a la desinformación y tergiversación del tema, y a la presencia de un discurso pre-moderno sobre la mujer, que se buscó transformar durante la modernidad, pero que solo tuvo verdadera significación, en los inicios de la posmodernidad.
Por esa razón, el feminismo se ubica bajo un pensamiento posmoderno, porque en esta etapa se le brinda mayor importancia a los movimientos reivindicativos de las minorías y énfasis en la hibridación, la cultura popular, el descentramiento de la autoridad intelectual y científica y la desconfianza ante los grandes relatos; es decir, en las concepciones universalizantes sobre el sujeto y la sociedad. Todo los aspectos que el proyecto de la modernidad trató de solucionar, pero que solo puedo centrarse en la crítica, mas no en la búsqueda de alternativas políticas, sociales ni epistemológicas. Sin embargo, partir del posmodernismo, como categoría, resultaría muy vago. Se presenta como imprescindible, especificar el tipo de enfoque posmoderno para entender al movimiento feminista peruano.
Posmodernidad y carpe diem
Para Virginia Vargas (2008) El movimiento feminista no puede ser asimilado de manera unificada, como si fuera uno: el de mujeres. Porque no refleja un proceso homogéneo, sino una pluralidad de procesos que muestran la diversidad de realidades de la mujeres en el país. El movimiento es heterogéneo. Las diferencias de identidades, de inclinaciones y objetivos se relacionan directamente con las vertientes dentro del feminismo que, pueden ser de índole académico-militante, popular-eminentemente-militante, o políticamente-tradicional. La idea es que reflejan la realidad del grupo de mujeres, que son conscientes de su situación y que no se dejan influenciar ingenuamente por el poder estructural, pero la verdad dolorosa y espantosa, es que este grupo es minoritario, y para colmo deslegitimado, así como el resto de minorías en el país.
Vargas, como socióloga teórica y militante, pinta en un lienzo la historia del feminismo peruano a partir de su experiencia como feminista, asumiéndolo como parte de la propia subjetividad. Son temas relacionados a la aparición del movimiento, las luchas por la autonomía y la consecución de propuestas, la institucionalización, la inclusión, las ambivalencias, la construcción de ejes teóricos, la globalidad alternativa e inclusiva de la diversidad, los intereses-identidades. Pero el contrapoder y las reformas del Estado en vinculación directa con el movimiento de mujeres, tienen una importancia fundamental con todos estos aspectos, puesto que se relaciona con la participación y la democracia, y ninguno de estos aspectos se hubiera conseguido, de no ser por las reformas surgidas en la necesidad generalizada de liberalización con la modernidad. Al comienzo no se aceptaba del todo la igualdad entre los géneros, pero esta categoría se presentó como el detonante de todos los cambios surgidos más adelante.
El movimiento feminista es “la hija no deseada de la modernidad”, como lo afirmaron alguna vez, porque el proyecto de la modernidad tenía como objetivos la universalización de la racionalidad, la autonomía de los sujetos y su aplicación al ámbito político; es decir la emancipación de los prejuicios y de la autoridad
Y la alienación, el desconocimiento, el extrañamiento del otro son propios de la época. Se vive en la sociedad de la información-globalización, en las continuas transformaciones, el movimiento y los instantes como en una pintura impresionista moderna, pero sobre todo por la necesidad de superposición, de mezcla y transgresión como en un collage, ya que la posmodernidad representa la ruptura de barreras, todo es posible y alcanzable: el cielo es límite. Y a la vez se presenta mediante con la marca de agua de pesimismo, por la consumación de lo sublime
Sin embargo, el movimiento feminista no se asume como eminentemente posmoderno, porque se va construyendo con él. Solo toma algunos elementos, como el constructivismo, que asume que todos los fenómenos son de naturaleza artificial; el particularismo como crítica a las pretensiones universalizantes de los discursos hegemónicos que se presentan como maniqueistas, “o algo es totalmente bueno, o totalmente malo”, pero sobre todo, a la noción en referencia al poder y el saber, que interactúan en términos de validez y legitimación, es decir por acciones de disciplinamiento e institucionalidad.
En ese sentido, el feminismo en el Perú, no solo se asume como un movimiento reivindicativo que propugna un discurso-transgresor, sino como ente, sobre el cual también se ejerce un poder estructural -en la subjetividad de las integrantes, en la interacción y la estructura del movimiento- a través del biopoder del Estado como forma de control y organización. Según la teorización de Foucault, las disciplinas del cuerpo y las regulaciones de la población constituyen los dos polos alrededor de los cuales se desarrolló la organización del poder sobre la vida. El establecimiento, durante la edad clásica, de esa gran tecnología de doble faz -anatómica y biológica, individualizante y especificante, vuelta hacia las realizaciones del cuerpo y atenta a los procesos de la vida- caracteriza un poder cuya más alta función no es ya matar sino invadir la vida enteramente
Pero tampoco, todo es posmodernidad. A parte de las limitaciones de la modernidad para ofrecer oportunidades y roles aceptables para las mujeres, no se puede negar que, también con su advenimiento, la mujer se convirtió en agencia, y al hacerlo se dotó de capacidad de acción y de transformación, y esas fuerzas permitieron el desarrollo de la organización para conseguir lo que se nos había arrebatado
La intención de mencionar los aspectos negativos y positivos de ambos, de la modernidad y posmodernidad, consiste en contrastarlos, y evidenciar la simultaneidad existente en el feminismo en general y el peruano, en particular. Precisamente de eso se trata, si vivimos en una época en la que definir lo posmoderno se torna como difícil y conflictivo, ya que, la transición de lo premoderno a lo moderno no ha culminado en todos ámbitos, como el pensamiento o algunas formas económicas entendidas despectivamente bajo estas etiquetas; y lo moderno a lo posmoderno, es entendido como el camino por el que se suprimen las problematizaciones de movimientos politizados, para enfocarse solo en el estudio de ellos, de los grupos subalternos. Todas sus especificidades se remontan a la coexistencia de elementos de diversas etapas históricas que, en nuestro país, por cuestiones como el racismo, la profunda desigualdad económica y social, se mantienen activas y como característica primaria del señalamiento despectivo de la otredad.
No se trata de señalar una propuesta unificada y hegemónica para el estudio del feminismo. La Modernidad tradicional fue una etapa de contradicciones, de obstáculos y oportunidades que, a través de los valores de la Ilustración (igualdad, libertad, solidaridad) permitió la visualización de la opresión. Pero fue a partir de la modernidad reflexiva, momento en el que se cuestionó el papel que cumplía el sujeto como creador de sentido, y se inició su descentramiento, es decir, un desalojo de la mirada antropocentrista para dar paso a nuevas posibilidades relacionadas con el relativismo y la crítica los discursos globales y cerrados, que por esa misma razón no podían construir una teoría crítica, porque no accedían a otras posibilidades, solo daban vueltas en su cubículo.
Mientras que la “Segunda Modernidad” pretendía seguir la línea del Humanismo, a través de la capacidad de la razón y reflexión, con la mayoría de las características que le impedían encontrar respuestas renovadas; un pensamiento posmodernista iba realizando la crítica a los discursos esencialistas, anunciando que el poder estructural se ejercía sobre todos, y el “diálogo moderno” se entendía como una confrontación más de voluntades de poder
Tenía que ofrecer un enfoque abierto, multidisciplinar y no-ortodoxo, que permitiera la entrada de una cantidad diversificada de visiones, que hicieran énfasis no en los discursos cerrados, sino en los elementos que se desprendían de ellos, a través de una visión menos utópica de la realidad, porque se toma en cuenta que los grupos, los individuos se mueven bajo diferentes lógicas, y en distintos espacios con innumerables materialidades. Y es esa entrada la que se necesitaba en el feminismo del Perú, porque la nación, al ser pluricultural, no podía ser representada por un grupo de mujeres académicas de izquierda. No. Necesita de todas la voces, de todas las sangres, y establecer variaciones respecto a la cultura, la edad, la opción sexual. Son variantes que si no se toman en cuenta, al ser asimiladas por un grupo homogéneo, este finalmente terminará por minimizar su importancia, hasta el punto de desaparecerlas, alegando la superioridad de los derechos extensivos y fundamentales, sin tomar en cuenta aquellas “pequeñas diversidades”, que en nuestro país, están lejos de ser pequeñas. Son inconmensurables.
El nuevo transporte híbrido
Pienso que los aportes del feminismo Moderno, permitieron el ingreso a nuevas alternativas y propuestas, al cambio y la transformación, pero llegó un punto en el que la capacidad de ofrecer respuestas se agotó, por lo tanto, se necesita brindar paso a otras epistemologías que no se enfoquen en una visión eurocentrista del sujeto. Se hace necesario descentrarlo y establecer conexiones con la naturaleza, los objetos y las máquinas. Todo aquello, que alguna vez se consideró como absolutamente no humano no se analizó. La modernidad se paseaba en una pista dualista, con el vehículo de lo humano o con el de lo no humano, pero nunca pensó en el híbrido.
En ese sentido, las ideas de Latour sobre los actantes en redes, se reflejan en todos los ámbitos, no solo en los movimientos sociales, porque son los actores, los que a través de mediaciones se ubican en diferentes contextos (redes) y realizan intermediaciones oscilantes entre polos, para lo cual un trabajo de traducción, como definición de un término que se obtiene bajo la mediación de otro (híbrido)
En estos espacios, el cuerpo juega un papel fundamental como parte humana, que ha sido desnaturalizada y cosificada, y sobre el cual se ejerce el poder, la influencia, la dominación masculina, pero también como una ficción que se enuncia tras, tres rupturas, como la de la frontera entre lo humano-animal, humano-animal-máquina, y en la precisión de los límites de los físico y los no físico, porque la liberalización se basa en la construcción de la conciencia, de la imaginación imaginativa de la opresión y, también de lo posible. El Cyborg como organismo cibernético, es un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad y ficción, que cambia como la experiencia de las mujeres a finales de este siglo. Es una lucha por destruir las fronteras entre la ficción y la realidad: lo imposible es una ilusión óptica
La autora, utiliza la metáfora del cyborg, para expresar, que lo considerado como imposible o utópico, en realidad puede ser posible, pero es imprescindible, asumir los retos de manera flexible, dejando de lado los reduccionismos, los holismos, y la identificación con la naturaleza en un sentido occidental. En síntesis, olvidar “el ser-mujer” porque solo acarrea profundas limitaciones con respecto a la identidad, y en consecuencia, con el movimiento feminista y su influencia sobre las propuestas por la liberalización de los derechos de la mujer.
El objetivo de estas triangulaciones entre realidad y ficción, es establecer la necesidad de fomentar, primero, que las limitaciones a nivel teórico, encubiertas bajo los dispositivos de “razón y reflexión” han presentado demasiadas limitaciones para pensar temas más allá del sujeto, en ese sentido se presenta como necesaria la importancia atribuida la posmodernismo como vía de análisis de nuevos problemas sociales, y de los antiguos que no habían encontrado solución. Y segundo, el carácter opresivo sobre el cuerpo y sus significaciones simbólicas-políticas deben enfatizarse para poder entender el proceso de construcción de las identidades, que se establecen a partir de discursos, porque se presenta una dependencia que no se ha elegido, pero paradójicamente inicia y sustenta la existencia, y en ese proceso de desarrolla la subordinación del sujeto y la producción de identidad, a través de mecanismos psíquicos de poder
A través de la visión de Virginia Vargas, se ha podido entender el discurso feminista en el Perú, las simultaneidades, diversidades, desigualdades y oportunidades que presenta, los campos de acción y estudio aún están ahí por descubrir. La cuestión no es deslegitimarlos por parecer ajenos, a otros espacios; se debe entender el feminismo, como los feminismos, porque no es uno solo, “el de la igualdad”, porque esta no existe y asumirla como tal es ignorar la situación de otras mujeres, homogeneizándolas.
Se debe asumir el discurso de las posmodernidad de manera y crítica y activa. Y como afirma Vargas, jugar con la historia y experiencias, el hacer y el pensar. Relacionar las formas de producción de conocimiento feminista y académica, porque la recuperación de los nudos de la sabiduría feminista, nos alertan contra las verdades absolutas y contra la separación del cuerpo y de la idea
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[1] Tomado de innumerables expresiones en la cotidianeidad de diversas personas, la mayoría con estudios universitarios y abiertamente heterosexuales, no sexistas y ontológicamente autodenominados como “normales”.

















